Exprésate.
Deja que la tinta corra por la pluma y se deslice por el papel, creando nuevos mundos y sensaciones. Sueña. No pidas permiso para hacerlo. Sólo hazlo. Imagina que eres todo lo que siempre has imaginado ser; siente que vives de la forma que siempre has querido vivir, que eres el poeta que siempre has soñado, aquél que con un único sentimiento es capaz de vivir en sí mismo y de transmitir a los demás miles de emociones, considerando y creando ese mundo fascinante, ya menos utópico, que siempre has añorado.
Corre.
Siente cómo el viento golpea tu cara; cómo los pájaros vuelan sin miedo a saber lo que les deparará el destino; cómo la brisa sopla cada mañana aunque tú, la mayoría de ellas, no lo aprecies. Despreocúpate. Observa cómo se ve todo desde lo alto de la montaña; somos insignificantes. Encuéntrate a ti mismo entre la multitud. Obsérvate. Analízate. Siéntete. No te dejes llevar por los prejuicios e ideas de los demás. No te alteres. No merece la pena. Escúchate; eres el único al que debes escuchar. Los demás no importan.
Relájate.
Observa la puesta de sol en el horizonte. Tu vida no tiene que cambiar en lo imprescindible. Nada cambia en un segundo. La única opción que nos queda es mirar hacia delante, vencer el miedo que nos supone ese avance y seguir, continuar persiguiendo aquello que quieres y construyendo tu vida, esa experiencia indescifrable que supone un peligro.



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